El barrio de las letras madrileño aparece dorado
por el sol de la tarde. Se nota el paso de los siglos y se percibe como un
susurrar de voces antiguas y pasos trémulos por las calles de Huertas, Lope de
Vega, Cervantes y otras gloriosas figuras que lo habitaron. Figuras que hoy se
han trocado en ancianos caducos reveladores de la senil sociedad española. Viejos
y viejas que van a comprar al supermercado y que parecen extraños pajarracos,
entre los niños que salen de colegio y los obreros de la construcción que se
mueven sigilosos como una amenaza para el barrio a punto ya de derrumbarse.
Allá por uno de los caserones aledaños a la
iglesia y convento de las Trinitarias vemos a un anciano
de los muchos que se guarecen tras aquellos muros. Está durmiendo la siesta,
acurrucado en una butaca frailuna, la cabeza cana caída, el respirar trémulo,
parece recordarnos al maestro Cervantes.
Vanse cubriendo las paredes de sombras y de
entre esas sombras parece surgir un hombre con
figura de espátula, alto de mediana edad, cuyo rostro de ojos profundos y
buenos bigotes nos recuerda a otra de las figuras que habitaron en el barrio en
aquellos tiempos gloriosos en que la lengua española sonaba con su potente tono
sereno y hasta agresivo. Parece oírse también un eco de vihuelas y clavecines.
El individuo que ha surgido de las sombras viste
de época actual como el viejo adormecidos, aunque en la manera de terciarse la
capa española que lleva y la bufanda puesta al desgaire parece recordarnos el
viejo jubón y la no menos vieja gorguera. En fin, para terminar, deberemos
decir que el individuo que acaba de entrar en el salón donde duerme el anciano
no es otro que el que acabamos de citar, es decir el señor don Lope
Félix de Vega Carpio,
el gran Fénix de los Ingenios, que vivió en el mismo barrio y cuya casa es aún
visitada por los fieles de la literatura.
LOPE DE VEGA (Observando
primero al Viejo
adormilado con cierta sonrisa burlona). ¿Otra
vez en brazos de Morfeo? (Dándole un buen tantarantán con el que casi le
derriba de la butaca). ¡Que ya es horaaa, que ya han pasao las burras de leche...!
VIEJO (Despertándose
de pronto). ¿Eh, qué? Pero… ¿Quién es?
¿Quién está aquí?
LOPE DE VEGA
Yo. ¿Quién va a ser?
VIEJO ¿Tú?
LOPE DE VEGA Yo...
¿Quién va a ser?
VIEJO (Restregándose
los ojos). Pero no... No puede ser…
LOPE DE VEGA ¿Cómo
que no? ¿Cómo que no puede ser?
VIEJO No
puede ser... Tú no...
LOPE DE VEGA No
¿qué?
VIEJO ¿De
dónde has salido tú?
LOPE DE VEGA (Prepotente).
«De mis soledades vengo»…
VIEJO (Radiante).
Entonces tú eres…
LOPE DE VEGA El
mismo que viste y calza. Soy tu vecino Lope Félix de Vega y
Carpio... Vecino, amigo y colega... Despiértate y mírame... A ayudarte vengo,
pues no has parado de llamarme…
VIEJO
¿Llamarte yo? ¿Yo te he llamao? ¿Cuándo te he llamao yo?
LOPE DE VEGA ¿Cuándo?
Siempre. Pregúntame mejor cuándo has dejao de llamarme... Ahora mismo lo hacías
entre sueños. Pero es que durante toda tu puñetera vida no has hecho otra cosa
que llamarme... Llamarme y llamarme siempre... Pues no tienes cansaos mis oídos
de tanto llamarme... Siempre con lo mismo... «Maestro, ¿cómo puedo terminar
esta comedia?» «Maestro, ¿cómo voy a empezar este drama?» «Ayúdame, maestro»...
VIEJO Sí
es verdad... Es verdad que te he estado invocando continuamente... Sí lo
reconozco, admirado maestro mío...
LOPE DE VEGA Claro
y por eso llega un momento en que no he tenido más remedio que venir a
ayudarte. De la eternidad vengo, para que lo sepas... Para
ayudarte a entrar en ella y dejes de molestarme...
VIEJO Oh
qué alegría tan grande... Entrar en la eternidad del brazo contigo... Pero no,
no, no soy digno...
LOPE DE VEGA Venga
ya no digas bernardinas, que no es pa tanto, macho. Tú como yo somos un par de cabroncetes
por si no te has enterao... Claro está que también somos colegas y
madrileños...
VIEJO Sí,
sí y váyase lo uno por lo otro...
LOPE DE VEGA Pero
por supuesto que yo soy mejor profesional que tú...
VIEJO Oh
eso sí, claro que sí, señor...
LOPE DE VEGA
Bueno, bueno... No tan claro, compadre, porque me envía quien me envía y
tendrás que hablar claro... Así que déjate de bernardinas, porque ya sabes que
allá arriba se sabe todo y no me vas a engañar tú ahora... Porque has de tener
en cuenta, como bien tú sabes, que además yo soy sacerdote...
VIEJO Ah
sí claro, sacerdote...
LOPE DE VEGA Sacerdote,
sí, aunque indigno, pero sacerdote siempre y reconciliado por la misericordia
de Dios... (Declamatorio).
«Cuando en mis manos, Rey eterno, os miro,
y la cándida víctima levanto,
de mi atrevida indignidad me espanto»…
(Se pasa la mano por la frente).
Ya casi no me acuerdo de todo aquello... Si vieras, amigo, cómo le cambia a uno
la eternidad...
VIEJO Yo
me arrodillaré ante ti, para que me escuches en confesión,
porque me arrepiento de todas mis faltas y pecados...
LOPE DE VEGA Y
no sólo de tus faltas y pecados, sino también de muchas veleidades y de tantas
caídas prosaicas y miserables…
VIEJO No
soy digno de estar en tu presencia, ni soy digno de que me acojas con esa
bondad, oh Fénix de los Ingenios...
LOPE DE VEGA Vaya
mi absolución por delante. Y ahora, señor don José María Rodríguez Méndez vamos
a hablar, a hablar largo y tendido...
(De rodillas el Viejo
y don Lope marcando sobre él el
signo de la cruz, formula y recita la absolución. Las sombras de la noche se
van tragando a las dos figuras de las letras).