EL
AGONIZANTE Mi hora ha llegado, pobre de mí. De esta
forma me veo por andar tras el amor. Maldita vida de pelo y de sombra, maldita
brecha de la tuberculosis y el crimen. Pero ya es tarde. Aquí se detiene la
muerte con su carro y me hace señas de que todo ha terminado. Despatárrate,
ojerosa, y trágame entero en el lago de orines. Te lo digo y lo repito: eres
una tía abominable.
LA
AURORA Te equivocas, moribundo. No soy la muerte, sino
la Aurora. No me insultes y escúchame. Estás en trance de ver lo nunca visto en
los últimos minutos de cine rayado y parpadeante. Yo te pienso socorrer. Mucho
me extraña que me desconozcas. Cuántas veces nos hemos cruzado en el camino, yo
de ida y tú de vuelta, de tus infames correrías, con el sexo desangelado y en
las antípodas del entusiasmo. Eres un ruin, que sólo vive de aspirinas y de
mala poesía modernista, un desperdicio de estos tiempos. Nunca has tenido para
mí un saludo cortés, como el de algunos condes que salen del baile. A pesar de
que no me faltan atractivos. Mírame, criatura, de una vez con buenos ojos y
observa este fresco descote, este rocibrillo de mi pelo y estos brazos de
escarcha...
(Se
descubre muy aputañada de actitud.)
EL
AGONIZANTE ¡Pst! No estás mal, pero te caes de
inoportuna. Me estoy muriendo. De nada sirve que vengas con reproches en
momento tan grave. No vengas ahora a turbarme con exhibiciones tan fuera de
lugar.
LA
AURORA ¿Qué estás diciendo? Dame las gracias por tu
suerte. Vengo dispuesta a salvarte. Eres de los que a mí me gustan. Nada menos
que periodista, morenito y febril; un elegido sinvergüenza, espuma de las
madrugadas. La Muerte se ha entretenido en preparar un ataque masivo para
confundir a Europa. Desde aquí la veo dando órdenes contradictorias, levantando
estandartes de duelo y animando con una corneta emponzoñada sus tropas al
asalto. ¡Menuda es la que se avecina! No te demores, amor mío, arranca de tu
pecho ese puñal y álzate hasta mi carro. Anda, que te voy a servir un café que
te va a dar una mañana de recién casado.
EL
AGONIZANTE (Haciendo un esfuerzo.) Imposible,
no puedo.
LA
AURORA Yo te lo mando. Arranca con tiento ese puñal y
agarra la escala que desde aquí te arrojo. ¡Animo, chico! Tengo una carne,
entre rosa y ceniza, que te va a devolver la vida.
EL
AGONIZANTE ¡Oh, qué luz de esperanza! No sé si sueño o
la espicho. ¡Ayudadme, fuerzas! ¡Espérame, Aurora!
LA
AURORA (Viéndole ascender por la escala.) ¡Cuidado!
Mira bien dónde pones el pie.
EL
AGONIZANTE (Con grandes esfuerzos, se alza hasta el
carro y entra en él.) ¡Qué delicia! ¡Vaya un vehículo de marca! Parece el
rincón de un casino. Estas cosas que me ocurren no parecen verosímiles. Aquí
debe haber algún simbolismo oculto.
LA
AURORA Pronto lo descubrirás, papanatas. Arrímate y ve
apartando velos. Mientras yo palpo el hueso de tus brazos, insúltame y llámame
puta mañanera.
EL
AGONIZANTE Ya he dado con otra viciosa, no tengo
escapatoria.