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La soledad del guardaespaldas

Author: Javier Maqua
Language: Spanish
ISBN: 84-95683-09-1
Price: 0,00 €
File size: (Sole_gua.pdf) 535 Kb.

(2 hombres y 1 mujer).
Por razones de seguridad, un escolta, policía, se instala en el apartamento de un político en la capital que es, probablemente, un diputado de provincias. He aquí el conflicto de arranque: un intruso que desestabiliza un espacio privado. Luego, un desarrollo del conflicto a través de situaciones diversas —en el apartamento, en el campo de tiro, en la cancha de tenis, en el coche, en el sueño— que escenifican los avances y retrocesos de ambos contendientes en la lucha, centímetro a centímetro, por ese espacio.
Excerpt

Untitled Document

 
Cuando me acomodé en mi localidad del patio de butacas, ya sonaba el teléfono: un graznido insidioso, intermitente y regular que procedía del escenario y continuó sonando cuando se abrió el telón.
En escena, en un espacio que parecía querer representar un apartamento impersonal, un hombre de su época repasaba un dosier, sin hacer el menor caso a la cargante insistencia del aparato.
Alguien llamó a la puerta del apartamento.
   
    Adelante, la puerta está abierta.
   
 
La puerta se abrió lentamente y dio paso otro hombre, que contempló, estupefacto, la escena: un hombre de su época repasando imperturbable un dosier mientras el teléfono suena. Hasta que quien estaba al otro lado de la linea -sin duda, el regidor- se cansó, colgó y se hizo el silencio.
Entonces, el hombre que acababa de entrar, respetuoso y profesional, observó la cerradura.
El hombre de su época captó el gesto y habló:
   
    ¿No le gustan las puertas abiertas?
    Si usted me lo permite, no debiera...
    Cierra, si quieres. Tú eres el escolta, ¿no?
    Abel García.
    No te esperaba hoy. No tengo mucho tiempo.
   
Sólo era para conocerlo personalmente. Mañana me incorporo.
    ¿Quieres beber algo?
    No, gracias.
   
No bebes en horas de servicio, naturalmente. Al menos mientras yo pueda verlo.
    No. Ya no bebo.
    Allá tú, ¿Quieres un refresco?
    ¿Bitter sin alcohol?
   
Lo lamento. Sólo hay unos cuantos botes de cocacola.
   
Está bien. Si a usted no le importa ¿podría meter mañana en la nevera algunos botellines de bitter?.
    ¿Se va a instalar aquí?
    Ésas son las órdenes.
    No me habían dicho nada. Supongo que es necesario.
    Eso creo.
    Me parece una exageración.
    Es desagradable.
    Lo es. Supongo que también para ti.
    Es mi trabajo.
   
Esto cambia mucho las cosas. Este apartamento es muy pequeño. No va a poder ser.
   
Yo me limito a seguir las instrucciones. Puede usted consultarlo.
    ¿También me vas a decir lo que tengo que hacer?
    No.
   
 
El hombre de su época tomó el informe que había dejado sobre la mesa, se caló las gafas y lo ojeó.
   
   
En el informe que me han entregado se dice que es usted soltero.
    Sí, señor.
   
Y llevas muchos años en servicios nocturnos, Adán.
    Abel.
   
Llevas muchos años en servicios nocturnos, Abel.
    Sí, señor. Lo prefiero así.
    Es usted un nocharniego.
    ¿Cómo dice?
    Que le gusta la vida de noche.
    Soy insomne.
   
Ya. A más de una puta le habrás cobrado tus servicios.
   
 
Una muchacha a medio vestir irrumpió en la estancia y, al ver al intruso, intentó cubrirse con escasa fortuna. El escolta saludó con la cabeza.
   
    Señora.
   
 
El hombre de su época se volvió hacia la muchacha y la cubrió.
   
   
Es... es el tipo que han mandado para que me cuide, ¿eh, Adán? ¿Esta bien dicho así?
    Abel.
    Espérame dentro. Enseguida termino.
   
 
Y empujó a la muchacha hasta hacerla desaparecer en el dormitorio.
El escolta aguantó la mirada de su protegido.
   
    ¿Su señora?
   
Mi señora vive donde yo vivo.
Yo tengo este apartamento entre semana, donde trabajo. De viernes a lunes lo paso en mi casa, con mi familia, ¿comprende?
   
Sí, de una ciudad a otra, de la provincia a la capital y de la capital a la provincia. Ya me han informado.
   
Claro. Naturalmente usted también tiene un informe sobre mí.
   
Sólo de lo imprescindible Yo no soy casado, pero vivir de aquí para allá debe ser todo un problema.
   
Eso es asunto mío, ¿de acuerdo, Adán? Tú limítate a cumplir con tu obligación y punto. No fisgues en mi vida privada y todo sera más llevadero.
   
Sólo intentaba hacerme una idea de la situación. Cuestión de rutina.
   
Una idea equivocada, me parece. Tengo aquí un informe sobre ti. Si no me gustas, pido que te cambien y en paz. Tú no querrás.
    Usted no lo hará.
    ¿Es una amenaza?
   
No era ésa mi intención. Sólo que seré igual de molesto que cualquier otro.

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