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Les nenes mortes no creixen / Las niñas muertas no crecen

Autor: Beth Escudé i Gallès
Traducción de: Alejandro Montiel Mues
Idioma: Catalán - Español
ISBN: 978-84-95683-66-3
Precio: 4,00 €
Peso del archivo: (LesNenesMortesCAES.pdf) 274 Kb.
Disponible en: Inglés

(1 mujer, 1 niña y 1 hombre.)
Ilustrado en color y blanco y negro.
Un padre con tendencia a contar historias y su pequeña hija muerta con ganas de aprender la vida mantienen frecuentes encuentros acompañados por los Kindertotenlieder de Gustav Mahler.
Fragmento

Las niñas muertas no crecen

NIÑA  (Mirando al cielo en busca de una nube.) Uh. Creo que el mar me llama.

HOMBRE  (Precipitadamente.) De acuerdo. Los peces de colores. Los querías. ¿Recuerdas? Sentíamos admiración por unos animales que miran a un lado y a otro, a derecha e izquierda. Lo que tienen delante lo deducen. Entonces, tú y yo sentíamos amor por las mismas cosas.

NIÑA  (Vuelve a mirar al cielo.) Uh.

HOMBRE  De noche sentías miedo. Sentías vergüenza de sentir miedo e inventaste que teníamos que poner luz en la pecera, porque los peces chocaban en la oscuridad.

NIÑA  (Más pedante, si cabe, que hasta ahora y acercándose a él.) ¿Vergüenza? ¿Amor? ¿Miedo? Dejemos para otro día estos términos que tampoco entiendo. Concentrémonos en sentir. Sé qué quiere decir «idiosincrasia», «jurisprudencia», «manierismo», «ontología» y, por supuesto, los términos más complejos de la teoría musical. Pero no sé qué es sentir y de cada diez palabras que utilizas, nueve están relacionadas con eso.

HOMBRE  No es fácil de explicar...

NIÑA  Por ejemplo, ¿puedes tener un sentimiento que no tenga nombre?

HOMBRE  Es más sentimiento cuanto menos nombre tiene. En eso es en lo que más se ha equivocado la poesía de tierra firme y donde casi siempre ha acertado la música.

NIÑA  O, por ejemplo: (Mostrando un dedo.) ¿Primero se siente el sentimiento y (Mostrando un segundo dedo.) después se le pone la palabra o (Esconde los dos dedos y vuelve a mostrar uno.) inventas primero una palabra y (Muestra un segundo dedo.) después sientes eso?

 

(El Hombre saca la libreta y va apuntando desaforadamente las preguntas.)

 

Simplifiquemos:  a)  ¿Te gustan las cosas porque son bonitas o  b)  son bonitas porque te gustan? Más fácil todavía:  a)  ¿Te pones contento porque cantas o  b)  cantas porque estás contento?

HOMBRE  Corres demasiado. Corres demasiado.

 

(La Niña ensaya un lloriqueo convencional. El Hombre deja de apuntar.)

 

Pero, de verdad, Nené, no sé por qué quieres tener sentimientos. Por uno bueno que tienes, tienes diez malos, créeme. En tierra firme nos hemos vuelto todos locos por culpa de las emociones. Son la raíz de las peores acciones de los hombres.

 

(La Niña se esfuerza más en su representación sentimental desconsolada. Llora irritantemente. De golpe, para el llanto.)

 

NIÑA  ¿Qué tal?

HOMBRE  Fatal.

NIÑA  Uh.

HOMBRE  Además, probablemente ya llores, a tu manera, sin darte cuenta. Lo que ocurre es que tú ya vives en una lágrima. Lloras, pero no puedes percibirlo. Mira. Si mis lágrimas fuesen de aire yo tampoco podría percibirlo. No sabría si lloro o no. No notaría la diferencia porque mis mejillas están en contacto con el aire como las tuyas con el agua salada. Tú deberías llorar lágrimas de aire para que funcionara.

NIÑA  O pelotas de ping‑pong.

HOMBRE  Por ejemplo.

NIÑA  ¿Tú sabes? ¿Me enseñarás?

HOMBRE  Por supuesto. Te enseñaré a imitar sentimientos. En esto no tengo inconveniente. Te enseñaré a llorar pelotas de ping‑pong. Tienen un sonido magnífico y cambiarás la tristeza por la alegría con la facilidad de un bebé.

NIÑA  Llora pelotas de ping‑pong. Venga. Ahora. Llora pelotas de ping‑pong. Ahora. Ahora. Ahora (Convierte «ahora» en una pesada canción infantil. Pausa.)

HOMBRE  Es que yo prefiero llorar lágrimas de agua salada, Nené. (Pausa.) Siempre que estés tú dentro de cada una de ellas, nadando.

 

(Se oye el rumor embravecido del mar. Una nube empieza a invadir el escenario. El Hombre mira al cielo.)

 

Es la hora.

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