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La América de Edward Hopper

Autor: Eva Hibernia
ISBN: 978-84-95683-71-7
Precio: 2,00 €
Peso del archivo: (LaAmericaDeEdwardHopperES.pdf) 760 Kb.

(1 mujer y 1 hombre.)
Ilustrado en color y blanco y negro.
Vera y Tomás son una joven pareja actual. Su intimidad fluye a través de los juegos. Un día Vera reencuentra la misma máquina de escribir con la que jugaba a escribir cuentos junto a su hermano gemelo. A partir de ese hallazgo los juegos de Vera y Tomás se complican, y la ficción de las palabras empieza a materializarse. Vera, a través de la máquina de escribir, accede a la historia de Miranda y su padre, un par de judíos emigrantes que escapan de la segunda guerra mundial y que comienzan su peripecia en América. Los personajes del cuento y su creadora se van persiguiendo por anónimas habitaciones de hotel y Tomás, cada vez menos reticente, va viajando hacia sus propias palabras, lo que le permite entrar en una dimensión desconocida. Tanto Vera como Tomás hacen, juntos y por separado, un viaje hacia su pasado, hacia su futuro y hacia otros presentes que podrían estar viviendo en ese mismo instante.
Fragmento

La América de Edward Hopper

VERA  (Con acento argentino.) Pará un cachito, Tomás, pará un cachito. (Pausa muy breve, con acento castellano.) Ha pasado una cosa. Una cosa importante.

 

TOMÁS  Ni tan siquiera me has dado un beso, mujer cruel, ¿no sabes que para compensar los estados de hipotermia no hay nada como el calor humano? Para los varones de mi altura y peso se recomiendan mujercitas como tú, hoy puedes hacer tu buena acción del día, salvar a un apuesto muchacho, ¡has hablado en argentino!, ¿pasa algo?, ¿te han llamado de casa?

 

VERA  No... bueno, algo así... algo de allí, pero... (Suspira.)

 

TOMÁS  ¿Es una cosa mala?

 

VERA  No lo sé.

 

TOMÁS  ¿Grave?

 

VERA  No lo sé...

 

TOMÁS  ¿Peligrosa?

 

VERA  No lo sé.

 

TOMÁS  ¿Nos separará?

 

VERA  (Pausa breve.) No lo sé. (Pausa breve.) Tiene que ver, digamos, que tiene que ver con el juego. Y eso es lo que me asusta.

 

TOMÁS  Es que yo del juego todavía no he entendido ni papa. Te pones una peluca y haces cosas raras. Bueno, es divertido... como tener dos novias, la rarita y la, la, la... la rarita con peluca, ¡yo que sé!

 

VERA  ¿Tan extraña te parezco...

 

TOMÁS  Pero si me encanta, ¡me fascina! Yo estoy en el despacho de los Puig y Carrascosa en reuniones soporíferas, dibujando casitas con humo en los márgenes de presupuestos millonarios, cuando a punto de sufrir una apoplejía por aburrimiento laboral, me levanto a ponerme un café, y al mirar por la ventana, que por suerte da al mar, ¿qué veo? Una mujer pelirroja, con ese aire tan elegante de saber tocar el violonchelo, con lo que a mi me pone el violonchelo, toda enigmática y errática por la playa, como esperando algo. Desde que hemos venido tienes la actitud de estar esperando algo, ¿qué?

 

VERA  ¿Te acuerdas del cuento del farero y la gitana? Lo inventamos en el tren. En el cuento era el chico quien esperaba. Pero tú no sabes esperar.

 

TOMÁS  Quizás porque ya te he encontrado a ti y no necesito más.

 

VERA  Mi infancia era inventarme cuentos a medias con mi hermano Luciano.

 

TOMÁS  ¿Tu gemelo?

 

VERA  Sí. Nunca terminaban. Alguien abría una puerta y el cuento quedaba en suspenso.

 

TOMÁS  ¿Por qué?

 

VERA  No sé. Bueno, sí sé...: esperábamos algo, que el cuento nos contestase...

 

TOMÁS  ¿Cómo?

 

VERA  Pues, que se hiciese realidad, y nos tomara.

 

TOMÁS  ¿Pero salíais vosotros, en los cuentos, erais los protagonistas?

 

VERA  No. Si éramos nosotros no teníamos fuerzas para casi nada. Era mejor ser otros, ser hijos de gitanos, o ratones en Polonia, o exploradores de los grandes bosques. Entonces sí que pasaban aventuras asombrosas. Y de repente sabíamos muchas cosas, que nunca, en el colegio, ni en los libros... una vez hablamos con un tejón ¿te lo crees?

 

TOMÁS  ¿Y qué hacíais con los cuentos?

 

VERA  Los metíamos en botellitas y los domingos, cuando íbamos de excursión al Tigre o a la Costanera Sur los lanzábamos al río. Desde que Luciano murió nunca he vuelto a jugar.

 

TOMÁS  ¿Y ése es el juego que estamos jugando tú y yo?

 

VERA  ¿Quieres ver lo que me ha pasado? (Señala al paquete encima de la cama.)

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